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(Entrada anterior de la serie)
Como vimos, el marco formal en el que la metafísica modal suele inscribirse es la lógica modal. Aunque las principales motivaciones originales para investigar esta lógica fueron otras, los filósofos pronto tomaron en cuenta el potencial que este formalismo posee para poder inscribir en él una investigación de metafísica modal.

La lógica modal que los filósofos suelen utilizar muestra cómo se comportan lógicamente lo necesario y lo posible, tomando “necesario” y “posible” como nuevos operadores lógicos. La interpretación semántica más común de esta lógica es la llamada semántica de marcos. A su vez, al dar una interpretación de ésta semántica que sea útil para la metafísica modal, los filósofos asumen que estos marcos consisten en mundos posibles relacionados entre sí.
La utilidad primaria de postular mundos posibles es ofrecer una imagen más tratable de los conceptos modales. Al decir que algo es posible, digamos un hecho h, decimos que h es el caso en algún mundo posible (más exactamente, en algún mundo posible debidamente relacionado con el nuestro, pero por el momento ignoraremos esta complicación). Al decir que h es necesario, eso lo interpretamos como que h es verdadero en todo mundo posible (o en todo mundo posible debidamente relacionado con el nuestro). Así que lo necesario y lo posible resultan ser conceptos formalizados, en lógica modal, relativos a mundos posibles.
Ahora bien, también podemos decir que un objeto x tiene posiblemente una propiedad (por ejemplo, mi computadora posiblemente tiene un botón diferente de apagado.) Usemos las letras F, G... para abreviar propiedades. Así, si decimos que x es posiblemente F, eso lo interpretaremos como que x es F en algún mundo posible. Si decimos que x es necesariamente G, eso lo interpretaremos como que x es G en todo mundo posible. (Por supuesto, si un objeto tiene una propiedad necesariamente, entonces también la tiene posiblemente. Pero el caso inverso no siempre se cumple.)
Supongamos entonces que mi computadora posiblemente tiene un botón de apagado diferente. Si decimos que eso se traduce como que mi computadora tiene un botón de apagado diferente en un mundo posible, lo que queremos decir es que mi misma computadora tiene, en otro mundo posible, un botón de apagado diferente. Y así para cualquier objeto x del que prediquemos una posibilidad. Técnicamente, decimos que debe haber una identidad transmundo entre ese x de otro mundo posible y nuestro x actual. El cómo pueda ello ser posible —el cómo pueda ser posible que nuestro x actual y x en otro mundo posible sean el mismo x— es una problema que ha sido discutido por muchos filosófos (por ejemplo Kripke, en El Nombrar y la Necesidad, especialmente las páginas 45-50; Lewis en On the Plurality of Worlds, capítulo 4, sección 4.3; Plantinga en The Nature of Necessity, capítulo 6).
Hasta aquí podemos reconstruir lo que he venido exponiendo así: (1) tenemos modalidad de re; (2) queremos hacer una teoría filosófica sobre este cambio modal; (3) para hacerlo, utilizamos la lógica modal. Agregaré ahora que (4) al hacer un uso filosófico de la lógica modal, nos encontramos con más problemas, además del de la identidad transmundo.
No todos los filósofos estuvieron contentos con la lógica modal estándar y la suposición de que hay identidad transmundo. David Lewis argumentó que, en lugar de postular axiomas, constantes lógicas y cláusulas semánticas extra para la lógica clásica (con lo cual obtenemos la lógica modal), uno puede quedarse con la lógica clásica y construir sobre ella una nueva teoría modal. Dicho laxamente, no postulamos una lógica extra, sino que hacemos una teoría que restrinja nuestra lógica clásica, que en principio habla sobre todo, para hablar sólo de modalidad (véase el artículo de Lewis, “Counterpart Theory and Quantified Modal Logic” y On the Plurality of Worlds).
La teoría que Lewis postuló se llama teoría de las contrapartes. La diferencia con la lógica modal es que ésta no necesita que un mismo individuo exista en varios mundos posibles. Más bien, dice que un mismo individuo existe sólo en un mundo posible. Por ejemplo, mi computadora (“Chompi”) sólo existe en nuestro mundo actual. Pero si podemos decir que Chompi posiblemente tiene una tecla de encedido diferente, es porque podemos decir que hay otro objeto, en otro mundo, que se parece mucho a mi computadora y que tiene una tecla de encendido diferente. Decimos que ese otro objeto es la contraparte de Chompi. Hablando más generalmente, decimos que x es posiblemente F si x tiene una contraparte en otro mundo y esa contraparte es F en ese mundo.
Las contrapartes, entonces, son otras cosas en virtud de las cuales las cosas actuales tienen sus posibilidades. Quizá suena extraño decir que el Templo Mayor podría haber tenido un par de piedras menos en virtud de que otro objeto tiene un par de piedras menos. Esto ha llevado a algunos filósofos a decir que la teoría de las contrapartes no es otra cosa que un superesencialismo. Los filósofos en cuestión dirían algo que parafrasearé así: según la teoría de las contrapartes, uno no dice que el Templo Mayor mismo en otro mundo tenga un par de piedras menos. Así que, estrictamente hablando, según la teoría de las contrapartes, el Templo Mayor mismo no podría haber tenido ninguna piedra menos (ni otra propiedad diferente). Así que llegamos al superesencialismo. (Alvin Plantinga, en “Transworld Identity or World-Bound Individuals?”, defiende una posición en esta líneas).
Es un debate si esto es así. Pues un teórico de las contrapartes puede replicar lo siguiente (como Allen Hazen en “Counterpart-Theoretic Semantics for Modal Logic”): “No, la teoría de las contrapartes no es un superesencialismo. Pues no dice que un objeto no pueda cambiar ninguna de sus propiedades. De hecho, acepta –con el sentido común– que muchos objetos pueden cambiar varias de sus propiedades. Sólo que analiza esto de distinta manera: en lugar de decir que el mismo objeto en otros mundos posibles tiene diferentes propiedades, dice que otro objeto en otro mundo posible tiene esas propiedades diferentes, y es en virtud de parecerse lo suficiente al objeto actual en cuestión que éste tiene posiblemente propiedades diferentes. Aceptamos los mismos hechos. No aceptamos el mismo análisis. Pero los hechos permanecen ahí.”


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Según un lugar común, detrás de los lugares comunes se asoma conocimiento muy importante. Esto lo podemos explicar notando varios hechos: difundir el conocimiento de un cierto campo de investigación es, en parte, lograr que el público no especialista pueda comprender lo que en esa área se sabe y se discute. Para lograr que ese público pueda comprender las teorías y los debates con que sesudos investigadores de todo el mundo se enfrentan cada día, es necesario poder explicar esas teorías y debates en términos que no presupongan todo el conocimiento teórico, histórico, matemático, y circundante en general que esas teorías y debates presuponen.
Entre las ventajas de llevar el conocimiento fuera de las universidades, está el que una sociedad informada es una sociedad que tiende a decidir mejor; además de que una sociedad cuyos ciudadanos tienen una formación intelectual sana es una sociedad que tiende a producir y aplicar más conocimiento. La desventaja es que una teoría cuyo armazón “sólo apto para especialistas” le ha sido reducido al mínimo, es una teoría que corre el riesgo de ser mal entendida.

Tengo un ejemplo, que invita a la risa, relacionado con la teoría de la relatividad. Recuerdo haber escuchado a alguien decir que el gran Einstein había logrado algo inaudito: demostrar que todo es relativo. Esto, por supuesto, tiene algo de verdad, pero no en el sentido en que esa persona después quizo explicarme: en el sentido en que la simple ecuación “7+5=12” es “relativa a quien la juzgue” (¡lo cual implicaría que alguien en Zimbabwe podría obtener 15 al computar 7+5!).
Pensemos de nuevo en los lugares comunes: una hipótesis que podemos proponer es que, detrás de muchos de ellos, hay conocimiento que ha ido decantándose desde las altas esferas científicas e intelectuales hasta el vox populi. Como hemos visto, este tipo de decantación corre el riesgo de transformar ese conocimiento hasta hacerlo irreconocible para alguien con mayor formación científica e intelectual.
Así pues, los interesados en la difusión del conocimiento han de tener cuidado en lograr una representación simple, pero fidedigna, del conocimiento que intentan hacer más accesible. Y esta advertencia nos viene justa en la presentación de este sitio.
Cada día se hace más claro que nuestra cultura necesita la difusión del conocimiento filosófico. Este conocimiento invita a la reflexión y a la crítica razonada, además de tener la laudable consecuencia de evitar el estancamiento en la comodidad de los lugares comunes. Además, las personas que se entrenan en filosofía tienen un panorama más amplio de los problemas con los que se enfrentarán cada día: basta pensar que dos ramas fundamentales de la filosofía, la ética y la lógica, tienen infinitas aplicaciones para casi cualquier dilema cotidiano. A nadie le escandalizará leer, ahora, que justamente la búsqueda del bien y de la racionalidad es algo que la actualidad pide a gritos.
La Pluralidad de los Mundos (nombre inspirado por el libro del filósofo estadounidense David K. Lewis, On the Plurality of Worlds) es, justamente, un espacio que se propone hacer una modesta colaboración al proyecto de difundir el conocimiento filosófico en la cultura iberoamericana –y, quizá, hasta mundial.
Bertrand Russell (filósofo y lógico inglés de inicios del siglo XX) decía que la filosofía consistía en esto: empezar con algo tan común y trivial que nadie creyera digno de dudar, para terminar con algo tan paradójico que nadie creyera digno de creer. Aunque sólo el tiempo dirá cómo terminaremos, este sitio web comienza –tristemente– con algo tan extraño que muchos creemos que es digno de cambiar: la poca cultura filosófica que existe en los medios.
Bienvenidos.


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¿Qué es?

La Pluralidad de los Mundos es un proyecto de difusión de la filosofía. Somos un grupo de gente pensante que compartimos la creencia de que el conocimiento filosófico puede contribuir mucho a un sano desarrollo de la cultura pública, mientras que también sabemos que la filosofía no siempre es de fácil acceso. Creemos, en resumen, en la necesidad de difundir la filosofía. (Seguir leyendo»)

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Czesław Miłosz: "Exhortación"

Bello e invencible es el intelecto humano
ni rejas, ni alambre de púas, ni condenar los libros al despiece,
ni tampoco una sentencia de exilio pueden nada contra él.
Él establece en la palabra las ideas universales
y nos guía de la mano, escribimos entonces con mayúscula
Verdad y Justicia, y con minúscula, engaño y humillación,
él, por encima de lo que es, eleva lo que debiera ser,
enemigo de la desesperación, amigo de la esperanza.
Él no conoce judío ni negro, esclavo ni señor,
cediendo a nuestro gobierno el común patrimonio del mundo.
Él, de entre el impúdico estrépito de las palabras trituradas,
salva las frases austeras y dignas.
Él nos dice que todo es siempre nuevo bajo el sol,
y abre la mano yerta de lo que había sido.
Bella y muy joven es la Filosofía
y su aliada al servicio del Bien, la poesía
Apenas ayer la Naturaleza celebró su nacimiento,
lo anunciaron a los montes el unicornio y el eco.
Gloriosa será su alianza, ilimitado su tiempo.
Sus enemigos se condenaron a sí mismos a la destrucción.
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