por Moisés Macías Bustos

En este ensayo pretendo discutir el rol de la filosofía en la educación general de las personas a nivel global y, por ende, también local. En la primera sección hago referencia al más reciente ataque sufrido por la filosofía en México, esto es, el movimiento para removerla del plan de estudios en la educación media superior. En la segunda sección discuto algunos objetivos centrales de la educación. En la tercera sección argumento que la filosofía es una disciplina de importancia fundamental, tanto como lo son el estudio del lenguaje y las matemáticas. Ilustro esto último mediante una discusión de diversos casos donde la filosofía hace contribuciones específicas a problemas de índoles tan diferentes como lo son los científicos, los éticos y los políticos. Concluyo notando que la filosofía es esencial, no sólo por sus contribuciones a diversos problemas de índole teórica y práctica sino también en la medida en que nos enseña a razonar de forma crítica, rigurosa y creativa, aun cuando diversos de los problemas que trata no son susceptibles de una solución definitiva. A lo largo de la discusión hago énfasis en varias ideas de Bertrand Russell sobre el papel de la educación y el rol de la filosofía en ese proceso.


I. ¿Filosofía en la Preparatoria?
En los últimos meses del 2008 y primeros del 2009 se anunció una reforma al currículum de las instituciones de educación media superior que tendría como consecuencia la desaparición de la filosofía del plan de estudios, excepto de manera “transversal”. Como puede observarse en la página de internet de El Observatorio Filosófico de México y en artículos y editoriales de periódicos como El Milenio, la Reforma Integral de Educación Media Superior o RIEMS publicada en el Diario Oficial de la Federación del 21 de octubre de 2008, tendría como consecuencia la desaparición del Área de Humanidades de la formación de los estudiantes de preparatoria del país. Las áreas resultantes hubieran sido: Matemáticas, Ciencias Experimentales, Ciencias Sociales y Comunicación. Esto desató un movimiento de la comunidad filosófica mexicana en defensa de las Humanidades que culminó en cartas a Presidencia de la República, diversos intercambios entre la comunidad filosófica mexicana (la cual cuenta entre sus organismos representativos a la Asociación Filosófica de México), y la SEP. Finalmente se llegó a un acuerdo con la Secretaría de Educación Pública, su secretario Alonso Lujambio y su subsecretario Miguel Székely Pardo. Gracias a este movimiento y la participación en el mismo de miembros de la comunidad filosófica a nivel nacional fue posible reintegrar las Humanidades al currículum, creando el área de Humanidades y Ciencias Sociales.
Es, sin embargo, impactante que se haya siquiera dado este incidente en la medida en que, como intentaré hacer ver más abajo, la Filosofía es una disciplina fundamental cuya inclusión, a cierto nivel elemental, en la vida ciudadana es tan importante como el aprendizaje de la aritmética. A lo largo de la historia, la filosofía se ha visto confrontada por incomprensiones, acusaciones y persecución. El incidente más famoso es la ejecución de Sócrates en el 399 a.C. bajo los cargos de negar la existencia de los dioses y corromper a la juventud ateniense. Podemos considerar que todo nuevo reto a la filosofía es, en algún sentido, una nueva representación del viejo drama del conflicto entre el individuo como agente autónomo y pensador crítico, capaz de proponer nuevas ideas y esquemas del pensamiento, y el status quo que intenta perpetuarse a sí mismo mediante la censura y persecución, no sólo de disidentes sino de modos de pensar ajenos al conformismo y aceptación acrítica de ciertas estructuras sociales, concepciones del mundo y modos de vida. La ironía en todo ello es que ninguna sociedad puede esperar sobrevivir, adaptarse a un entorno cambiante y resolver una sucesión de problemas de diferente índole sin mantener un espíritu crítico informado por preocupaciones de corte filosófico (respecto a cuál es el mejor tipo de sociedad política en la que debiéramos vivir y cuáles son nuestros compromisos morales con los demás), puesto que es en la discusión, el diálogo, la propuesta de nuevas ideas y la auto-crítica que se encuentran los elementos para la constante renovación social e individual.

II. El Rol de la Educación.
Relacionado al problema del rol de la filosofía en la vida individual y ciudadana está un problema de alcance más amplio y cuya discusión presenta una plataforma adecuada para abordar el debate sobre la importancia de la filosofía. Me parece que la contribución de Bertrand Russell al tema de la educación en su libro Principles of Social Reconstruction nos da un marco general para tener una concepción más adecuada de la misma.
Una distinción fundamental que traza Russell (1997, p. 101) al inicio de su discusión es aquella entre la educación y dos pilares de toda sociedad adecuada: la justicia y la libertad. Como bien señala, cuando hablamos de los niños (y por extensión algunos adolescentes) no podemos plenamente hablar de igualdad de derechos, él no hace aquí explícita la razón pero ésta resulta evidente. Hay un sentido en que los niños no pueden ser del todo partícipes de la igualdad de derechos en la medida en que en esencia un niño es sólo un agente económico por extensión, puede participar de la vida económica como consumidor si sus padres le facilitan dinero o su existencia lleva a mayor consumo por parte de una familia, pero dada su inexperiencia, debilidad, falta de madurez, poder de discernimiento, etc; es claro que idealmente el niño debe dedicar su infancia prolongada al estudio en lugar del trabajo, cosa que al menos se defiende en la gran mayoría de constituciones de países progresistas a nivel mundial (como lo establece la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Niños). Respecto a la libertad, Russell tiene aquí en mente la concepción de John Stuart Mill de libertad negativa, aquella en donde la libertad es simplemente ausencia de restricciones a los actos de una persona siempre y cuando los mismos no perjudiquen a nadie. Es claro que necesitamos ese tipo de libertades, piensa, pero eso no es suficiente para determinar lo que vamos a hacer en educación, en la medida en que no da un principio positivo de construcción pero ‘la educación es esencialmente constructiva y requiere alguna concepción positiva de lo que constituye una buena vida’ (Russell, 1997, p. 101).
Esto es por un lado, por otro, la libertad plena con un niño pequeño es, en buena medida, incompatible con ciertos ideales educativos. A menos que el niño sea muy excepcional requiere de cierta autoridad y guía para aprender herramientas básicas que le permitirán desarrollarse individual y socialmente. Russell no extiende este argumento a los adolescentes, sin embargo hacer la extensión no es complicado. Lo que podemos decir es que una persona requiere ciertas habilidades básicas, las cuáles estén basadas en una concepción positiva de lo que constituye una buena vida. Por un lado una buena vida difícilmente puede ser una vida de privaciones, por lo que varios talentos prácticos son esenciales, entre estos, habilidades administrativas, técnicas y evidentemente una capacidad razonable para usar y comprender el lenguaje, usar tecnología y, en esencia, una comprensión del actual ambiente socio-político. Claramente, varias instituciones educativas tienen en mente el éxito material al promover sus programas educativos, si bien ello es claramente insuficiente, como Russell señala:

Cuando el individuo es considerado es casi siempre con miras al éxito material -hacer dinero u obtener una buena posición. Ser ordinario y adquirir la habilidad de vivir de algo es el ideal que se postra frente a la mente juvenil, excepto por algunos profesores con suficiente energía para romper el sistema en el que se espera que trabajen (Ibíd., p. 103).
Después de todo, el conocimiento de técnicas y la sabiduría son cosas diferentes. Como señala Sam Harris en The End of Faith, la gran mayoría de terroristas que secuestraron los aviones del 11 de septiembre tenían educación universitaria. No es conocimiento técnico muchas veces lo que se requiere para tener una vida buena, en el sentido ético y de logro personal. Entonces, es crucial que la persona tenga una concepción del bien o cuando menos, de lo que es el bien para ella misma, una concepción compatible con la existencia de multiplicidad de bienes para los demás (esto último elimina la posibilidad de que el bien para una persona pudiera ser el daño para otra.)
Empero, el pensar en estos temas requiere claramente las herramientas de la ética y la lógica. Por otro lado, la capacidad de apreciar la belleza, natural o artística, si bien es instintiva en la mayoría de nosotros, siempre puede verse beneficiada por la reflexión sobre lo bello, sobre la cultura, la música, la literatura y el arte; que es el dominio de la estética. Finalmente, en muchos, existe una sed por el conocimiento que sólo puede verse beneficiada por una reflexión filosófica sobre el mismo y sobre nuestros instrumentos científicos y metodológicos para alcanzarlo. En suma, una educación inspirada en una concepción de la vida buena, enseña no sólo herramientas básicas para saberse mover en el mundo, sino también persigue la perfección moral e intelectual de los individuos, cosa que sólo puede tener buenas repercusiones a nivel personal y social.
Yo tengo mis dudas, las cuales no elaboraré aquí, sobre la indispensabilidad de instituciones educativas. Es claro que su existencia es benéfica y que deben tener un lugar fundamental en toda sociedad, pero no es imposible después de todo, para muchos y muy diversos individuos con talento y pasión por el conocimiento, la vía autodidacta. En esencia yo diría que estoy de acuerdo en que, con excepción de casos atípicos, la mayoría de las personas requieren de cierta disciplina para motivarse a seguir adelante con proyectos educativos y aprender las herramientas necesarias, pero el propio Russell comenta que ‘es claro que alguna desviación de total libertad es inevitable si a los niños se le ha de enseñar algo, excepto en los casos de niños atípicamente inteligentes…’ (Ibid. p. 101). De nuevo pienso que una extensión de esta reflexión a casos de adolescentes y jóvenes (e inclusive personas de cualquier edad) es muy evidente. Lo que habría que hacer es exigir ciertos criterios para conceder que alguien conoce algún tema y es competente en el mismo. Empero, en cualquier disciplina, ciencia o arte que se digne de serlo es evidente que habrá criterios formales de selección para lo que cuenta como adecuado en tales empresas. Así, evidentemente un estudiante de música deberá saber cierta cantidad de nociones sobre composición, apreciación musical, tocar algún instrumento, etc. Igualmente, cierto estudiante de matemáticas deberá saber, dependiendo del nivel de estudios que pretende acreditar, bastantes matemáticas: aritmética y geometría elemental en la primaria; álgebra, trigonometría, geometría analítica y nociones de cálculo en la preparatoria y bastante más que ello en la universidad, por ejemplo análisis, álgebra abstracta, topología, álgebra lineal, teoría de conjuntos y probabilidad, por mencionar algunos temas. Y la filosofía no es excepción, pues hay claros criterios que permiten evaluar si una persona es o no competente en filosofía, entre ellos debates, discusiones, ensayos, exámenes, la evaluación de capacidades argumentativas y razonamiento lógico, etc. Luego, lo que yo añadiría a la posición de Russell es que la restricción a las libertades debiera ser menor que la que él supone. Una mera restricción a satisfacer ciertos criterios fácilmente evaluables en instituciones académicas debiera bastar para quienes tienen el temperamento, el talento y la inclinación de perseguir sus estudios por fuera de canales oficiales. De otra manera estaremos cometiendo una injustica en contra de una minoría de personas talentosas que lo que requieren es nuestro apoyo y no que se les bloquee. En síntesis, educación para todos, y la posibilidad de acreditación en educación para todos, siempre y cuando puedan demostrar conocimiento.
Un aspecto esencial de la propuesta de Russell es eliminar las tendencias ideológicas y partidistas en la educación. Pues, como señala:
Casi toda la educación tiene una motivación política: busca fortalecer algún grupo, nacional o religioso o inclusive social, en la competencia con otros. Es este motivo, en gran medida, lo que determina las materias enseñadas el conocimiento ofrecido y el conocimiento ocultado y también decide que hábitos mentales se espera que adquiera el estudiante. (Ibíd., p. 103).
Es claro que la educación debe beneficiar no sólo a la sociedad, sino también al individuo. Pues, después de todo, puede alegarse que aquellos que tienen estados de conciencia son los individuos, son estos quienes pueden experimentar felicidad y tristeza, quienes pueden crear, reflexionar, etc. Quizá, si Chalmers tiene razón, la mente China sea una posibilidad genuina (Chalmers, 1996). Chalmers piensa que, al menos en este mundo, hay leyes que conectan estados experienciales con estructuras funcionales y éstas podrían instanciarse en un isomorfo estructural del cerebro, por ejemplo, por varios miles de millones de chinos jugando el rol de interacciones neuronales. Esto quizá es posible, pero cuando menos no sabemos que los Chinos estén llevando a cabo esos ejercicios y tenemos excelentes razones para suponer que los individuos de hecho experimentan esos estados mentales. Si esto es así, entonces el bienestar de los individuos debe ser una preocupación fundamental de cualquier empresa educativa, programa social, ideología política, etc.
Es razonable, entonces, sostener que la sociedad conformada por individuos cuyos objetivos de vida estén basados en una concepción inspirada por la ética, la estética y la búsqueda del conocimiento serán definitivamente más completos y cercanos al ideal humano y por ende, con mayores capacidades para poder juzgar y luego alcanzar su propio bienestar. Pero no sólo ello, contrario a las suposiciones intuitivas, son los individuos críticos y conscientes quienes están en una mejor posición para contribuir y revitalizar a una sociedad mediante la búsqueda de la justicia social, la generación de ideas, proyectos y esquemas que permitan el desarrollo de más individuos como ellos. Pero, por lo que he venido diciendo, es evidente que la filosofía es crucial en la formación de individuos así, y fundamental en inspirar una concepción de la buena vida. Como Russell señala:
La prevención de la libre investigación es inevitable siempre y cuando el propósito de la educación sea producir creencias más que pensamiento, el obligar a los jóvenes a sostener opiniones positivas en asuntos dudosos en lugar de permitirles ver las dificultades y alentar su independencia mental. La educación debiera promover el deseo por la verdad, no que algún credo particular es la verdad. (Ibid, p. 107).
Empero, por su naturaleza esencial, la filosofía es la disciplina que más permite la liberación del dogmatismo, más informa la búsqueda racional de la verdad y tiene presente de forma mucho más prístina la gran cantidad de dificultades que surgen en toda investigación.

Referencias

Russell, Bertrand. Principles of Social Reconstruction. Roudtledge. 1997. (La edición original es de 1916. Por cierto, este es un libro fantástico, mis más amplias recomendaciones.)

Chalmers, David. The Conscious Mind. Oxford University Press. 1996.

9 comentarios to "¿Es la Filosofía fundamental en la Educación?"

  • Sólo quiero notar que esta es la primera parte del ensayo, pero más adelante subiremos la segunda parte.

    - Moisés

  • La indespensabilidad de las instituciones educativas, Moisés, poco o nada tiene que ver con las capacidades autodidactas de quien emprende hacia la investigación y el conocimiento.
    ¿En dónde buscar, pues, la indispensabilidad? Tú mismo das la clave: las insituciones educativas no son, esencialmente los recintos en donde se imparten clases ni los profesores que ahí laboran; si hay criterios claros que permiten evaluar cuando una persona es o no competente en alguna disciplina, es gracias a que existen tales instituciones, que, a manera de plus, ofrecen las condiciones materiales para que actividaes como debates, discusiones, investigación, etcétera, puedan llevarse a cabo.
    La indispensabilidad de las instituciones educativas radica en que son ellas, como proveedoras de criterios, las que deciden si una persona es competente, si es apta para producir mejorías en la sociedad.

  • Creo que esto es falso. Los criterios para saber si una persona es competente o no en una disciplina, en diferente grado, pueden derivarse de la disciplina misma. Por decir, si existe la disciplina de la geometría euclideana y ésta tiene cierta complejidad, seguramente es posible evaluar la competencia de alguien en ese tema en mayor o menor grado, simplemente notando si es capaz de demostrar los teoremas relevantes, etc.

    Si lo que dices fuera cierto seria una condición necesaria de la existencia de la geometria euclideana la existencia de un colegio que pudiera avalar conocimiento en la misma, esto es claramente falso.

    Ahora, si tu afirmación es más débil i.e. que persona docta o inteligente que pudiera avalar competencia es ya una institución, entonces la posición es correcta pero poco interesante, pues dificilmente alguien la negaria. Y piensa que las personas que han hecho descubrimientos en matemáticas, en filosofía, en ciencias naturales, si bien se ayudan entre ellas, prueban sus ideas contra la naturaleza, contra estándares objetivos (¿es la teoría consistente? ¿es deductivamente poderosa?) y contra sus interlocutores (Sócrates al mostrar las consecuencias de una definición o un historiador evaluando su teoria frente a documentos de épocas pasadas). De hecho una consecuencia de la versión fuerte de tu objeción es que es sólo en retrospectiva que podemos evaluar la capacidad argumentativa de Sócrates, asumiendo Platón la retrató adecuadamente en sus diálogos tempranos, esto simplemente tiene que estar mal. Este punto podría elaborarse, pero un comentario no es el lugar para hacer eso.

    Finalmente, en tono sarcástico, si las instituciones, en el sentido fuerte, son quienes deciden si una persona es apta para producir mejorías en la sociedad, qué miedo por la sociedad. Dejo un link a Chomsky en torno a esto: http://www.youtube.com/watch?v=Xq6lFOhLJ0c

  • Una alternativa que no consideré arriba es que por institución no te refieras a colegios o personas sino a tradiciones intelectuales: la ciencia occidental, las matemáticas clásicas, la filosofía occidental, etc. Brevemente notaré que si a eso te refieres por institución creo que la posición es más plausible, pero aun incorrecta en plena generalidad, en la medida en que esas instituciones a su vez emergieron en virtud de individuos que aplicando capacidades ordinarias de explicación, argumentación y observación, lograron construir esos cuerpos de conocimiento.

  • Confundes otra vez. No he puesto la existencia de una disciplina ni la validez epistemológica de sus proposiciones a merced de la existencia de una cierta burocracia. He puesto la evaluación de un estudiante (un ignorante en cierto campo epistémico) en manos de un conjunto de reglas, aplicadas y vigiladas por expertos en dicho campo (cuando se trata de álgebra la cosa es sencilla: ¡sean todos autodidactas!; cuando queremos formar médicos, la cosa no se ve igual).
    Te equivocas también cuando sostienes que esto es trivial. Uno de los temas más recurrentes en la discusión académica desde los años sesenta es el de la democratización de las instituciones educativas. Te refiero al cásico de Allan Bloom (él sí, a diferencia de Chomsky, un intelectual dedicado al estudio de la dinámica de las instituciones educativas), The Closing of the American MInd.
    Y, bueno, los comentarios políticos de Chomsky... no pueden sino mover a la ternura.
    Creo que negar el valor y la investidura de las instituciones en la resolución de cuestiones sociales es, fundamentalmente, no haber entendido de qué van las sociedades democráticas. Que conste que lo digo por Chomsky.

  • i) No veo como esto no hace más que reiterar lo que habías dicho arriba. De hecho consideré diferentes interpretaciones de lo que querías decir, a la que aludes es sólo una de ellas pero considero que no te quedo clara mi objeción: si es necesario que sólo las instituciones (colegios) pueden evaluar la competencia de alguien, entonces no es posible que nadie excepto las instituciones pueda notar que alguien es competente en un tema. Pero claramente alguien puede notar de si mismo que es competente en un tema, por ejemplo, si al leer y pensar sobre el tema procede a checar si sus respuestas a preguntas sobre el mismo son acertadas, o si sus soluciones a ejercicios son correctas, asumiendo revisa un libro. Y parece no niegas que los libros sobre diversas disciplinas podrían existir independientemente de una burocracia colegiada. Luego, si esto es posible, entonces es falso que no es posible, luego no es necesario que sólo las instituciones (colegios) puedan evaluar competencia en un tema.

    Además eres poco caritativo, no he cuestionado la utilidad de facto de ciertas instituciones (en el sentido de colegios que no de tradiciones intelectuales, que son más fundamentales), he cuestionado su indispensabidad, que si fuese necesaria tendría las consecuencias que ya explicité.

    Nota de nuevo, si lo que dices fuera cierto, ¿sería posible que un estudiante conociera más de un tema que un profesor? Si por definición el "profesor" es quien conoce más del tema, claramente no. Pero eso es poco interesante, pues los profesores de la vida real no necesariamente conocen más de los temas que imparten que sus alumnos. Si esto no está implícito en la definición, entonces claramente si podría saber más, en la medida en que el estudiante esté más familiarizado con una tradición intelectual: la medicina en el ejemplo que te gusta.

    Lo que yo dije en el post es que los colegios que religiosamente demandan la asistencia de sus estudiantes a cursos, debieran modificar sus reglas para permitir que quienes deseen ser evaluados independientemente, dadas sus inclinaciones autodidactas, puedan serlo.

    Espero que sea claro que no estoy diciendo y nunca dije que no haya criterios de evaluación. De hecho considero que la evaluación es fundamental. Pero en medicina estos criterios igualmente podría ratificarlos algún algoritmo con una buena base de datos que algún grupo colegiado, siempre y cuando se base en la tradición intelectual relevante, que no cuestioné. (Aquí las limitaciones factuales de los algoritmos no son relevantes para mi punto, la cosa es que es "posible".)

    Si estás de nuevo diciendo que la institución es simplemente cualquier grupo de personas "doctas" en relación con su conocimiento de una tradición, muy bien, pero eso tampoco es muy interesante, como dije arriba.

    ii) Notar como "X" es políticamente ingenuo o como "Y" SI ha estudiado adecuadamente el tema seguramente no basta para refutar una postura. Pero si alguien me dice de un libro o pensador en un tema polémico que AHI si encontraré la claridad y como toda postura contraria está fundamentalmente equivocada sin más argumento, no sé qué responder a eso. Lo que sí creo probable es que si alguien considera que Chomsky es ingenuo, esa persona no debe conocer muy bien su trabajo o quizá se deja mover por críticas superficiales del mismo. Saludos.

  • Saludos a ambos:

    Antes de este último par de respuestas, creo que podría decir algo:

    Creo que ambos tienen razón, por partes. Primero, es plausible que los criterios de corrección, aún si fuera metafísicamente objetivos, en la práctica sólo los conocemos socialmente. Creo que es claro que es posible imaginar que un individuo aislado se dé cuenta por sí solo (sin historia, sin tradición, sin instituciones--por sí solo) de que tal o cual manera de actuar es correcta (bajo ciertos estándares que el cree--y estamos asumiendo que cree justificadamente-- correctos). Pero creo que nuestro mundo simplemente no es así (por eso los argumentos de Wittgenstein II sobre el "lenguaje privado" y "seguir una regla", o interpretaciones de ellos, nos suenan tan plausibles). Creo que la corrección de los estándares para nuestras prácticas son de hecho sociales (aún si no lo son por naturaleza), de ahí que necesitemos de instituciones en el sentido (no tan) débil de historias, tradiciones, y sectores sociales ("los filósofos"; "los geómetras").
    Otra cosa que me parece claramente cierta es que lo fundamental son las conciencias individuales; mientras que las instituciones son ontológicamente derivadas (vs algunos tipos de Hegelianismo, de Heideggerismo y quiza alguna interpretación de Witt. II). Eso, me parece, explicaría la intuición que Moisés menciona en su segunda respuesta. Pero también creo en la idea de que el contenido mental de los individuos depende en buena parte de su entorno tanto natural como social (una versión moderada de externismo del contenido), así que esto nos devolvería a la necesidad de tener instituciones para poder tener actividad mental y, con ello, prácticas intelectuales.
    Finalmente, a la pregunta de Juan: "¿En dónde buscar, pues, la indispensabilidad [de las instituciones educativas]?" daría una respuesta parecida a la de él, pero calificándola con un por mor de la practicidad. Creo que de hecho, contra Juan, que haya autodidactas muestra que no siempre son indispensables las instituciones educativas. Grandes genios de la humanidad se han desarrollado a una distancia relativamente grande de ellas (Einstein trabajaba en una oficina de patentes cuando publicó su artículo de 1905; Kripke exploraba la lógica modal mientras se aburría en la prepa; por ejemplo). De ahí que crea que las condiciones materiales, de las que Juan da ejemplos, sean también por mor de practicidad--pero, a final de cuentas y esencialmente, irrelevantes.

  • No tengo nada más que agregar a las observaciones de Carlos que me parecen atinadas y compatibles con mi postura.

  • Me gustaría comentar que encuentro los comentarios de Chomsky la mar de interesantes. Uno de los puntos que me parecen tremendamente plausibles, y que son uno de los motores de su argumentación, es la idea de que la educación oficial es una de las maneras (uno de los aparatos ideológicos del estado, como diría el viejo Althusser) en que la ideología oficial logra mantenerse viva y unida a la mentalidad de muchos individuos.
    Creo que ese debate sobre la educación también es super interesante, al lado del que gira sobre la fuente de la normatividad epistemológica en campos de relevancia social.

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La Pluralidad de los Mundos es un proyecto de difusión de la filosofía. Somos un grupo de gente pensante que compartimos la creencia de que el conocimiento filosófico puede contribuir mucho a un sano desarrollo de la cultura pública, mientras que también sabemos que la filosofía no siempre es de fácil acceso. Creemos, en resumen, en la necesidad de difundir la filosofía. (Seguir leyendo»)

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Czesław Miłosz: "Exhortación"

Bello e invencible es el intelecto humano
ni rejas, ni alambre de púas, ni condenar los libros al despiece,
ni tampoco una sentencia de exilio pueden nada contra él.
Él establece en la palabra las ideas universales
y nos guía de la mano, escribimos entonces con mayúscula
Verdad y Justicia, y con minúscula, engaño y humillación,
él, por encima de lo que es, eleva lo que debiera ser,
enemigo de la desesperación, amigo de la esperanza.
Él no conoce judío ni negro, esclavo ni señor,
cediendo a nuestro gobierno el común patrimonio del mundo.
Él, de entre el impúdico estrépito de las palabras trituradas,
salva las frases austeras y dignas.
Él nos dice que todo es siempre nuevo bajo el sol,
y abre la mano yerta de lo que había sido.
Bella y muy joven es la Filosofía
y su aliada al servicio del Bien, la poesía
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lo anunciaron a los montes el unicornio y el eco.
Gloriosa será su alianza, ilimitado su tiempo.
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