Pensar en el papel del filósofo en la sociedad es un tema complejo y al que pocos filósofos (fuera del sector de la filosofía política) se meten. En este post haré una pequeña contribución al debate, notando tres grandes “esqueletos” de teorías que podemos distinguir en varios filósofos; después veremos un poco más sobre la postura que parece ser la menos radical y que es la que yo acepto.

Hay gente que opina que un filósofo es algo parecido a un matemático o un físico puro: alguien que, simplemente, se dedica a discutir y proponer teorías que expliquen cosas muy abstractas; tan abstractas que sólo accesa a ellas quien tiene acceso a los journals especializados y a los posgrados de los departamentos de filosofía. Como tal, un filósofo no está ni más ni menos calificado para influir en la sociedad de lo que un matemático o un físico lo está. Ser filósofo no te hace más o mejor ciudadano, ni más importante, ni con mayor potencial, ni nada. Claro que tampoco te hace peor; eres simplemente otro ciudadano normal con afición a cosas abstractas y ya. En esta postura, tenemos que sustentar a la filosofía por la misma razón que sustentamos a las matemáticas o a la física pura: primera, por que el conocimiento vale por sí mismo; segunda (si no te convenció la primera), porque nunca sabremos cuándo le encontraremos aplicación a lo que el filósofo hace, así como nunca sabemos cuándo encontraremos aplicación a lo que hace el matemático puro o cuándo podremos hacer un experimento con lo que hace el físico teórico; tercera, porque la filosofía tiene un potencial formativo en el ejercicio de la facultad de crítica racional, facultad que vale tanto (al menos por la amplia gama de problemáticas a la que puede abocarse) que, por ello, debe ser promovida.
Otra postura está del lado radicalmente opuesto a la primera y dice lo siguiente: un filósofo es un ente social distinguido, una sociedad está esencialmente comprometida con la filosofía dominante y por ello el filósofo es alguien a quien debemos considerar de una enorme importancia. (Platón llegó a defender que el Estado debe ser gobernado por un rey filósofo, y no pocos filósofos vieron –o ven– en la filosofía un dispositivo teórico capaz de modificar profundamente a la sociedad.) Variando la postura, nos encontraremos que un filósofo debe formar parte de una especie de “vanguardia intelectual” o, al menos, tener un compromiso esencial en el desarrollo político e ideológico de su sociedad.
Una postura que parece intermedia (y que es la que yo acepto) es que, por un lado, la filosofía sí tiene este aspecto “puro” (como las matemáticas y la física), pero también tiene un aspecto “aplicado” (como las matemáticas y la física), y es este aspecto aplicado el que nos importa para asuntos como el sentido de la vida, la organización social y el amor. Ahora diré más sobre esta posición.
El aspecto aplicado de la filosofía depende del puro en un sentido; mientras que el aspecto puro depende del aplicado en otro.
La “filosofía pura”, si quisiéramos meter en un cajón terminológico a los estudios más abstractos en los campos de, por ejemplo, la metafísica, la epistemología, la ética o la lógica filosófica, parece fundamentar a la filosofía aplicada en el siguiente sentido. Al hacernos la típica pregunta filosófica sobre si la vida tiene un sentido determinado, por ejemplo, no podremos responderla sin presuponer una cierta ontología (entendida como un listado de las categorías más generales en que se colocan las entidades de nuestro mundo), una cierta epistemología (entendida como un listado de las condiciones en que podemos conocer los objetos de nuestra ontología) o una cierta lógica (entendida como un listado de los principios que debemos seguir en el razonamiento sobre esos objetos que ya conocemos). Y seguramente tampoco podremos prescindir de otros muchos aspectos teóricos. De cualquier manera, todos esos aspectos teóricos (de ontología, de epistemología... etcétera) son ardientemente debatidos por los especialistas de los respectivos campos. De esta manera, parece que la filosofía “pura” está oculta, pero presente, al discutir los problemas más inmediatos desde un punto de vista filosófico.
Esto, por supuesto, no implica que no podamos filosofar sobre el amor o la muerte, o sobre la organización política de nuestra sociedad, sin antes haber hecho un enorme recorrido por los campos más abstractos de la filosofía. (Si fuera así, y dada la tenacidad y la creatividad argumentativa de los filósofos, mucha gente se moriría antes de iniciar una investigación filosófica sobre cualquier tema.) Claramente, hay estudios filosóficos sobre temas como el amor y la muerte, y estudios muy valiosos.
Este aspecto “aplicado” de la filosofía también fundamenta al aspecto “puro” en otro sentido. No son pocos los casos en que resultados de investigaciones filosóficas recientes (tomando en cuenta que llevamos al menos 2,500 años investigando los densos problemas de la metafísica, por ejemplo), como la investigación filosófica sobre la tecnología o el arte conceptual, pueden abrir nuevas opciones teóricas en las investigaciones más abstractas. Por ejemplo, una teoría filosófica de la organización social hoy no puede proponerse ignorando sin más ni más la manera en que la tecnología afecta a nuestra cultura; mientras que una teoría estética que intente definir lo que es arte, sería inservible si ignorara a las artes no-representacionales. Por supuesto, ésto no necesariamente implica que, por ejemplo, la estética de Kant no tenga una aplicación natural al caso de las artes no-representacionales. Ésto sólo implica que no es trivial preguntarse si la teoría kantiana aún se sostiene ante el surgimiento de las nuevas artes. Y si pudiéramos extender la teoría kantiana de tal manera, ¿qué clase de compromisos teóricos con una cierta ontología deberíamos aceptar?
Así, los intentos por aplicar la filosofía al estudio de los problemas más comunes también pueden ofrecernos nuevas preguntas, de manera “filtrada”, en los campos más abstractos. Además, son éstos cuestionamientos los que suelen ser puerta de entrada a la filosofía: poca gente se inicia en la filosofía debido al interés en un problemita técnico –como el de si un objeto tetradimensional posee esencialmente una duración determinada–; mientras que muchos nos iniciamos por preguntas fundamentales y, podemos decir, inmediatas (¿Qué es el arte? ¿Cómo puede algo cambiar y permanecer el mismo? ¿Cómo debo vivir? ¿Qué es objetivo y qué es relativo? ¿Puede la ciencia explicarnos el mundo de una manera definitiva?) Y si son éstas preguntas las puertas de entrada a la filosofía, porque son preguntas acuciantes que algunos investigamos aún si nos llevan a caminos insospechados y desérticos –por lo solemne de la teoría que requieren para ser tratados–, entonces, a final de cuentas, muchos estamos haciendo filosofía “pura” porque llegamos a ella buscando respuestas a algún problema acuciante.
En este sentido, la filosofía “aplicada” fundamenta a la “pura”: justifica el valor de la filosofía pura, pues hacer una investigación sobre preguntas acuciantes suele llevarnos a hacer investigación sobre preguntas más abstractas.
Y es este aspecto aplicado el valor social más directo de la filosofía, como podemos notar al hojear libros de administración, de autoayuda, de ética en varios campos (médica, ambiental, social, jurídica…), y manuales de muchas disciplinas científicas (muchos suelen presuponer visiones de filosofía de la ciencia: no es difícil encontrarse, por ejemplo, con matemáticos diciendo que hubo un “cambio de paradigma”, esa famosa noción kuhniana, entre el Cálculo leibniziano y el fundamentado en el método de Dedekind y Weirstrass).
Lo curioso es que ese valor no se suele notar a menos que un filósofo apunte a ello: cualquier filósofo que se respete podrá identificar miles de posturas filosóficas (que en el ambiente académico de la filosofía “pura” son discutidas) en discursos políticos, programas sociales del gobierno, actividades de difusión de la ciencia, normatividades, creaciones artísticas y reflexiones de los artistas sobre ello, debates religiosos, debates en todo sentido… etcétera.
¿Por qué se necesita que un filósofo apunte a las teorías filosóficas de fondo, para que uno pueda notarlo? El filósofo está tan encerrado en la cuestión pura que pocas veces conversa (como diría Rorty) con otros sectores en los que, indirectamente, sus teorías están influyendo.
Eso por un lado. Por el otro (como puede ser argumentado), estamos políticamente comprometidos al aceptar vivir en un sistema político como en el que vivimos. Esto, aunado a las características intrínsecas del estudio de la filosofía, parecería que lleva a pensar que un filósofo debería comprometerse más en política. Pero muchos filósofos no se comprometen con la política de manera abierta, y la razón de ello no es, me parece, intrínseca a la filosofía, sino a la personalidad de una generalidad de filósofos: les suele divertir más el puzzle-solving, el resolver paradojas y rompecabezas, que el hundir las manos en el oscuro pozo de nuestra situación política actual.
En resumen: según mi postura, la utilidad social del filósofo es doble, pues hay filosofía pura y aplicada. Ambas tienen influencia social, aunque la filosofía pura de manera mucho más indirecta y por filtración. El problema es que pocas veces el filósofo se toma en serio esta necesidad de hacer clara su utilidad social, de ahí que hace mucho que ya no tenemos claro para qué sirve en la sociedad seguir alimentando a los filósofos.

4 comentarios to "El papel de los filósofos en la sociedad"

  • felicidades por el proyecto, espero que crezca y sea efectivo.

    Un comentario al final del artículo:

    Los estudiantes de filosofía o, como algunos se llaman, filósofos, "estamos comprometidos al aceptar vivir en un sistema político como en el que vivimos" pero, algo que me parece más digno y racional de alguien que estudia filosofía y es conciente de cómo es ese sistema "político" en el que más bien sobrevivimos, es que no lo acepte.

    ¿habrá alguna verdadera razón por la que un filósofo o estudiante de filosofía no se comprometa políticamente o sólo habrá justificaciones basadas en la ignorancia y en la enajenación social de las que creen, por estudiar cosas "complicadas" y "profundas", estar excentos?

    h. filos

  • Creo que es difícil hablar de los compromisos políticos de los intelectuales sin caer en dogmatismos. Puede resultar natural decir, por ejemplo, que un intelectual debe comprometerse políticamente dada la educación que ha recibido y la potencial influencia que puede ejercer en una sociedad; sin embargo, parece simplemente inmoral (va en contra de la libre elección de posición política, incluso de una agnóstica) obligar a una persona --aún si es un intelectual-- a que tome una posición política.
    Pero también parece inmoral –por parte del intelectual-- simplemente desatenderse de las cuestiones políticas, pues parece olvidarse que, en este sistema político, la cantidad suele pesar mucho sobre la calidad al tomar decisiones (es decir: las mayorías tienden a ganar, aún si sus razones no son tan buenas como las de las minorías; aunque aquí claramente tendríamos que fijarnos en la relevancia del poder –como capacidad de una mayor influencia en la toma de decisiones--, pero por el momento haremos abstracción de ello).
    Además, la gran mayoría de esas decisiones –tomadas en el ámbito público-- afectan directa o indirectamente a los que vivimos en esta sociedad; de tal manera que la no-participación política --de quien sea, incluyendo a los intelectuales-- parece, a final de cuentas, sí tener una carga moral importante.
    Así que hay una tensión, entre la libertad que cada uno de nosotros tenemos --que debe ser respetada-- de simplemente no interesarse por la política (por las razones que sean), y la responsabilidad que tenemos al integrar un sistema político en el que las decisiones se toman basándose en mayorías.
    Yo no sé cómo resolverla, más que dando la recomendación de atender a esa responsabilidad --por un lado--, pero --por otro lado-- respetando el derecho de permanecer desinteresado.

    Y es cierto que el estudiar filosofía no nos libra de la enajenación, pero bueno, como dijeron hace ya mucho tiempo: El que esté libre de mancha, que lance la primera piedra...

    Saludos y gracias por los buenos deseos!

  • Creo que tengo algo que decir sobre el papel de los filósofos en la sociedad.
    Como sabemos, la filosofía no comenzó como el "deber ser" que tantos le imputan, sino como una tarea de tratar de comprender el mundo dentro de preguntas sencillas como el ¿qué? ¿por qué? ¿cómo? etc.
    ¿Debemos separa a los filósofos de los demás oficios y profesiones que logran constituir y hacer funcionar a la sociedad? De ninguna manera. La tarea principal de los filófos según creo, es la de siempre cuestionarse sobre todas las cosas que los rodean. Así como el famoso pitufo de las caricaturas, pueden llegar a odiarnos por la sencilla razón de no estar de acuerdo con nada.
    Si bien la sociedad actual se rige bajo los patrones del dinero y el poder, la filosofía sigue teniendo ese estatus peligroso de doblar y hacer tambalear a las estructuras culturales. Es por tal motivo que para todo sistema político, el librepensamiento es el más grande peligro (hay que recordar las herejías medievales y las persecuciones políticas en el siglo XX) y los filósofos son los principales portadores de tal carácter, aún más que los mismos literatos y los científicos.
    sobre la relación entre la filosofía y la política creo que es algo por convicción el que los filósofos decidan o no participar, porque al menos pienso que cualquier ciudadano debe participar en el bienestar de su propio país. Nadie se salva, ni el filósofo, de vivir en una sociedad política.

  • Yo no sabía que por mi forma de razonar los hechos y posibles consecuencias,
    distintamente a los demás desde hace muchos años,podría llamarme pequeño
    "filósofo".Una vez leído este artículo.
    Me siento identificado y pienso leer más
    sobre este digno "arte" ALTRUISTA.

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Czesław Miłosz: "Exhortación"

Bello e invencible es el intelecto humano
ni rejas, ni alambre de púas, ni condenar los libros al despiece,
ni tampoco una sentencia de exilio pueden nada contra él.
Él establece en la palabra las ideas universales
y nos guía de la mano, escribimos entonces con mayúscula
Verdad y Justicia, y con minúscula, engaño y humillación,
él, por encima de lo que es, eleva lo que debiera ser,
enemigo de la desesperación, amigo de la esperanza.
Él no conoce judío ni negro, esclavo ni señor,
cediendo a nuestro gobierno el común patrimonio del mundo.
Él, de entre el impúdico estrépito de las palabras trituradas,
salva las frases austeras y dignas.
Él nos dice que todo es siempre nuevo bajo el sol,
y abre la mano yerta de lo que había sido.
Bella y muy joven es la Filosofía
y su aliada al servicio del Bien, la poesía
Apenas ayer la Naturaleza celebró su nacimiento,
lo anunciaron a los montes el unicornio y el eco.
Gloriosa será su alianza, ilimitado su tiempo.
Sus enemigos se condenaron a sí mismos a la destrucción.
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